Tras la revolución francesa
de de 1848 y la instauración de la II República, el 14 de Enero de 1850 se puso
a discusión en la Asamblea Legislativa de Francia un proyecto de Ley (Ley Falloux) en el que, con el pretexto de organizar la
libertad de enseñanza, en realidad se pretendía el monopolio de la instrucción
pública en favor del clero.
La respuesta de Víctor Hugo al representante del partido católico -aunque debe entenderse en su original contexto histórico y pese al tiempo transcurrido- es un alegato por la educación laica y pública y aporta ideas que aún sería necesario considerar y sobre las que cabría reflexionar. Tras ellas podemos entender mejor a los personajes de Los Miserables (1862) y en concreto la importancia del Obispo Myriel como desencadenante del relato, así como Víctor Hugo hace compatible su anticlericalismo con la defensa de la religión en su esencia originaria:
(...) ¿Sabéis cuál es la verdadera enseñanza religiosa, aquella frente a la cual es necesario postrarse; aquella que no es necesario turbar?. Es Vicente de Paul que recoge al niño abandonado. Es el Obispo de Marsella en medio de los coléricos. Es el Obispo de París que se lanza con una sonrisa en los labios en el formidable suburbio de San Antonio y alza el emblema de Cristo sobre la guerra civil y no mira a la muerte con tal de llevar la paz... He aquí la verdadera enseñanza religiosa, real, profunda, eficaz y popular".
"Yo quiero, lo
declaro, la libertad de enseñanza; pero también quiero la vigilancia del
Estado, y como yo quiero esta vigilancia efectiva, yo quiero el Estado laico,
exclusivamente laico".
"Yo quiero, lo repito, la libertad de enseñanza bajo la vigilancia del
Estado y no admito que para ejercitarla sean llamados hombres que tienen sobre
todo intereses prácticos. Lejos de mí de proscribir la enseñanza religiosa, ¿me
comprendéis?, según yo opino ella es más necesaria hoy que ayer. Mientras más
grande se hace el hombre, más debe creer. Si más se acerca a Dios más debe
verlo".
"Yo quiero, pues, y lo quiero sinceramente, firmemente, ardientemente, la
enseñanza religiosa de la iglesia y no la enseñanza religiosa de un partido. Yo
la quiero sincera y no hipócrita. Yo la quiero con un fin celestial y no con un
fin terreno. Yo no quiero que una lámpara destruya a otra; yo no quiero
confundir el profesor con el fraile. Sí, si yo consiento una tal mezcla como
legislador, la vigilo, abro los seminarios y sobre las congregaciones que
enseñan, el ojo del Estado, repito, el ojo del Estado laico, celoso únicamente
de su grandeza y de su unidad".
"Yo me dirijo pues al partido clerical y le digo: esta Ley es una ley
vuestra. Yo no me fío de vosotros. Instruir significa construir".
"Yo no quiero confiaros la enseñanza de la juventud, el alma de los niños,
el desarrollo de la inteligencia, el desarrollo de las inteligencias nuevas que
se abren a la vida, el carácter de las generaciones, es decir, el porvenir de
la patria".
"Yo no quiero fiaros el porvenir del país, porque fiároslo sería
abandonároslo".
"Ah, no os confundo con la Iglesia, vosotros sóis los parásitos de la
Iglesia, sóis la maldición crónica de la Iglesia, Ignacio de Loyola es el
enemigo de Jesús. Vosotros sóis, no los creyentes sino los sectarios de una
religión que no comprendéis. Vosotros sóis los maquinistas teatrales de la
Santidad. No confundáis la Iglesia con vuestros negocios, con vuestras
combinaciones, con vuestras ambiciones. No la llaméis "Vuestra Madre"
para hacer de ella vuestra sierva. No la atormentéis y sobre todo, no la
igualéis a vosotros. Observad al agravio que le hacéis".
"¿No veis como ella, la Iglesia, se ha deprimido desde el día que os tiene
sobre sus espaldas?. Vosotros la hacéis amar tan poco que acabaréis por
volverla odiosa, os lo digo seriamente; acabará por abandonaros. Dejadle.
Cuando hayáis desaparecido, entonces volveremos a ella. Dejadla tranquila a esa
venerable Iglesia, a esta venerable madre, dejadla en la soledad, en su abnegación,
en su humildad. Es esto lo que forma su grandeza. Su soledad atraerá a la
multitud, su abnegación la volverá potente y su humildad la volverá
majestuosa".
"Vosotros habláis de la enseñanza Religiosa. ¿Sabéis cuál es la verdadera
enseñanza religiosa, aquella frente a la cual es necesario postrarse; aquella
que no es necesario turbar?. Es Vicente de Paul que recoge al niño abandonado.
Es el Obispo de Marsella en medio de los coléricos. Es el Obispo de París que
se lanza con una sonrisa en los labios en el formidable suburbio de San Antonio
y alza el emblema de Cristo sobre la guerra civil y no mira a la muerte con tal
de llevar la paz... He aquí la verdadera enseñanza religiosa, real, profunda,
eficaz y popular".
"Ah, os conocemos, conocemos al partido clerical. Es un partido viejo que
tiene su magnífico estado de servicio. Es él quien, para decir verdad, ha
descubierto estas dos cosas bellas: la ignorancia y el error. Es él quien prohíbe
a la ciencia y al genio ir más allá del misal y que quiere enclaustrar el
pensamiento en el dogma. Todos los pasos que ha dado la inteligencia en Europa,
los ha hecho a su pesar. Su historia está escrita en el reverso de la historia
del progreso humano. Se ha opuesto a todo... no hay un poeta, un escrito, un
filósofo, un pensador, que acepten. Y todo lo que ha sido escrito, descubierto,
soñado, deducido, ilusionado, enajenado, inventado por los genios, el tesoro de
la civilización, la herencia común de las inteligencias, lo rechazan...".
"Es él quien ha hecho azotar a quien decía que las estrellas no se
caerían. Es él quien ha torturado a Campanella por haber afirmado que el número
de los mundos es infinito y por haber entrevisto el secreto de la
creación".
"Es él quien ha perseguido a Harvey por haber encontrado la circulación de
la sangre. Para no desmentir a Josué ha encerrado en la cárcel a Galileo; para
no desmentir a Pablo ha puesto en prisión a Cristóbal Colón. Descubrir las
leyes del cielo era una impiedad; encontrar un mundo era una herejía".
"Hace ya mucho tiempo que la conciencia pública se revela contra vosotros
y que os pregunta, ¿qué cosa queréis?. Hace demasiado tiempo que pretendéis
poner un mordaza sobre los labios del espíritu humano".
"Ah, Vosotros queréis que os den los pueblos para educarlos. Muy bien;
veamos entonces vuestros discípulos, veamos vuestros productos. ¿Qué cosa
habéis hecho en Italia? ¿Qué cosa habéis hecho de España? Desde hace muchos
siglos vosotros tenéis en vuestras manos, a vuestra discreción dentro de
vuestra escuela, bajo vuestra férula, estas dos grandes naciones ilustres entre
las más ilustres: ¿Qué habéis hecho con ellas?".
"Lo digo yo, Gracias a vosotros Italia, de quien ningún hombre que piense
puede pronunciar el nombre sin un inexplicable dolor filial. Italia, esta madre
de genios y de las naciones que ha esparcido en el universo las más
estupefacientes maravillas de la poesía y del arte. Italia que enseño a leer al
género humano, Italia hoy no conoce ya el alfabeto".
"España, soberbiamente dotada, que había recibido de los romanos su
primera civilización y de los árabes la segunda y de la Providencia y a pesar
vuestro todo un mundo, AMÉRICA. España ha perdido todo gracias a vosotros,
gracias a vuestro yugo embrutecedor, un yugo de degradación y de
reblandecimiento. España ha perdido el secreto de la potencia que los romanos
le habían enseñado, el genio de las artes que había bebido de los árabes, el
mundo que Dios le había dado: En cambio de todo esto que vosotros le habéis
hecho perder, ella ha recibido de vosotros mismos: La Inquisición".
"La Inquisición que ha quemado sobre las hogueras o sofocado en las
prisiones cinco millones de hombres". "Leed la historia. La
inquisición que exhumaba a los muertos para quemarlos como heréticos. La
inquisición declaraba a los hijos de heréticos hasta la segunda generación,
infames e indignos de cualquier honor público, exceptuando solamente a aquellas
que habían denunciado al padre, la inquisición que, mientras yo hablo, tiene
todavía en la biblioteca vaticana los manuscritos de Galileo encerrados y
sellados con el sello del índice".
"Es verdad que para consolar a España de aquello que le habéis dado le
habéis puesto el mote de Católica. He aquí vuestras obras maestras. Aquella
lumbrera que se llamaba Italia vosotros la habéis extinguido; aquel coloso que
se llamaba España, vosotros lo habéis minado. La una es cenizas, la otra es
ruinas. ¿Qué cosas queréis hacer ahora de Francia? Queréis que os diga lo que os molesta. Es esta
inmensa luz que hace de la nación francesa la nación que ilumina de tal suerte
que sus rayos se extienden sobre todos los puebles del Universo. Y esta luz de
Francia y esta libre luz y esta luz que no viene de Roma, sino de Dios, es la
que vosotros queréis extinguir y la que Nosotros queremos conservar".
"Es un mal juego aquel de hacer entrever, solamente entrever a Francia
este ideal -la sacristía soberana-, la libertad traicionada, la inteligencia
vencida y ligada, los libros despedazados, el sermón que sustituye a la prensa,
la noche cubriendo los espíritus con la sombra del confesionario y de las
sotanas y los genios suplantados por los clérigos. Yo lo repito -que el partido
clerical se cuide- el Siglo Diecinueve le es contrario".
"Con ciertas doctrinas que la lógica inflexible y fatal condena, con doctrinas
que dan horror cuando se observan en la historia, sépalo el partido clerical,
donde quiera que él esté, donde quiera que él vaya, "Cultivará las
Revoluciones". Para evitar a Torquemada, caerá en Robespierre. Aquellos
que como yo procuran evitar a las naciones los reveses de la anarquía y el
adormecimiento sacerdotal, lancen el grito de guerra. Yo soy de aquellos que
reclaman en este noble país la libertad y no la opresión, la fe y no el
debilitamiento, la fuerza y no la servidumbre, la grandeza y no la nada. ¿Cómo?
¿En este siglo de novedades, de hechos, de descubrimientos, de conquistas, vosotros
soñáis en la Inmovilidad? ¿Es en este gran siglo de esperanza que proclamáis la
desesperación?".
Pues bien, lo repito con profundo dolor, yo que odio las catástrofes, los
derrumbamientos, lo repito con la muerte en el alma:
"Vosotros no queréis el progreso. Tendréis la Revolución Social".
Fuente:
http://derhumano.blogspot.com.es/2007/08/discurso-en-la-asamblea-legislativa-de.html
Para saber más...
Enlace a la novela de Los Miserables
Breve guía para trabajar la novela o sus adaptaciones teatrales y cinematograficas
Los miserables en el teatro
Contenido y adaptaciones de la novela