"Soy independentista catalán. Y eso que ni he nacido ni vivo en Cataluña.
Pero estoy a favor de su independencia. Prefiero una Cataluña
independiente a que me sigan dando la matraca españolistas y
catalanistas con sus banderas. Por más que lo intento, no soy capaz de comer banderas, no me las trago..."
Así empieza un artículo de Javier Gallego en el que queda claro que ni la justicia social, ni la libertad, ni la igualdad, ni los sentimentos tienen patria, ni bandera, sino que son patrimonio de cualquier ciudadano dispuesto a luchar contra la pobreza, que se sienta solidario con lo que denominamos Humanidad y orgulloso de su compleja y diversa condición humana irreductible a la limitada y banal identidad nacional.
No puede haber verdadera libertad política sin igualdad económica y sólo podemos ser verdaderamente libres cuando todos los seres humanos que nos rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres afirmaba Bakunin. Frente al nacionalismo me atrevo a postular la ciudadanía global y el cosmopolitismo que desde los estoicos a Kant y Bertrand Russell sólo puede sobrevivir más allá de las fronteras.
El nacionalismo fue en su momento originario un sentimiento de lucha por la libertad de los ciudadanos que querían ser libres frente a los tiranos del absolutismo para convertirse posteriormente en la coartada de las clases dominantes para justificar su poder, manipular conciencias, engendrar guerras y hacer negocios. Para pensar sobre todo esto es recomendable volver a ver Senderos de gloria, la película de Kubrick en la que unos generales deciden desde sus lujosos palacios de retaguardia los destinos de sus soldados que serán sacrificados y humillados en la guerra, en las trincheras, en los pelotones de fusilamiento. Puede que el patriotismo sea el "último refugio de los cobardes" al que se refería Samuel Johnon, y que sólo sirva para que ciertos manipuladores privilegiados oculten las divisiones, egoísmos y miserias de sí mismos y de su sociedad para proyectarlos en un enemigo exterior y afianzar su posición dominante.
"No permitáis que la ambición se burle del esfuerzo útil de ellos De sus
sencillas alegrías y oscuro destino; Ni que la grandeza escuche, cono
desdeñosa sonrisa los cortos y sencillos hechos de los pobres. El alarde de
la heráldica, la pompa del poder y todo el esplendor, toda la abundancia que da, espera igual que lo hace la hora inevitable. Los senderos de la gloria no
conducen sino a la tumba".
Acabo de leer Adios Cataluña, crónica de amor y de guerra (2007) y he viajado con Albert Boadella hasta los setenta, he descubierto una interesante perspectiva vital y la dignidad del que nada contracorriente haciendo valer sus convicciones y principios morales renunciando a la cómoda postura de plegarse a los poderes establecidos de los "regímenes". Aunque sus críticas a la pseudoprogresía dogmática y al nacionalismo excluyente pueden ser malinterpretadas en cuanto ataque indiscriminado -con algunas consideraciones discutibles, tal vez superficiales- es innegable que surgen de una experiencia vivida que es capaz de comunicar con éxito gracias a una mezcla de ternura amorosa y de humor e ironía combatiente de bufón inteligente y entrañable que muestra la verdad y sinceridad de sus palabras frente a la hipocresía de lo políticamente correcto del poder dominante. Sin duda, no puedo estar más de acuerdo en anteponer el concepto de ciudadano al de nación o tribú, los derechos de las personas a los de los territorios. Recuerdo Laincreíble historia de Doctor Floit y Mr. Pla que como otras creaciones de Els Joglars se reinterpretan y matizan desde la lectura de este libro.
Acabo también de escuchar algunas de las canciones y ver algunos vídeos del programa. Había una vez un circo en un inevitable arrebato nostálgico tras conocer la muerte de Miliki, el último -sin menoscabo de sus heredereros generacionales- de "los payasos de la tele". Desde la ingenuidad y sencillez de aquellas canciones e historias bondadosas del circo de la tele, no sé bien cómo me ha venido a la memoria el título del libro de Boadella transformado en un Adiós infancia, visualizado en aquellas imágenes en blanco y negro -Navidad de 1974- en los años en que empezábamos a dejar de ser niños y nos adentrábamos en una adolescencia juvenil de recuerdo feliz y triste a un tiempo. La felicidad de haber sido, la tristeza de lo que no volverá a repetirse de lo que se nos fue, de los que ya no están. Es el recuerdo nostálgico de los "babyboomers" nacidos en los sesenta que nos criamos en las contradicciones del fin del franquismo y los comienzos de la Transición
Y así un bufón y un payaso me han hecho viajar en el tiempo y compartir algunas imágenes y palabras a las que cada uno dará dará su significado y despertará emociones y reflexiones desde su única e irrepetible existencia, la que tenemos, la que nos acompaña, la que nos hace seres individuales y únicos, la que nos pide ponernos en el lugar de los demás y buscar compañía para ser felices y ser nosotros mismos como personas y ciudadanos, en el arte, en la cultura, en la vida.
Deformación profesional, traigo a colación este texto de Boadella directamente relacionado con la educación a nuestros hijos de losque nos educamos en aquellos tiempos:
“El amor a los
hijos es actualmente un sentimiento blandengue bajo el cual, con la excusa de
la responsabilidad, los padres utilizan los retoños para suplir muchas de sus
propias frustraciones. Optan por el camino cómodo de no negarles nada a los
chavales; ni siquiera les dejan llorar recién nacidos. Están convencidos de que
tener un hijo es algo tan insólito y excepcional que, naturalmente, bajo esta
óptica ilusoria, los suyos tienen que ser en el futuro los más inteligentes.
Partiendo de dicha convicción, los padres la emprenderán con los maestros, en
caso de que estos no descubran la preclara dimensión encefálica de los
chavales. Si muestran algún problema de adaptación escolar, querrán que su hijo
sea declarado, por un psicólogo, niño superdotado, que es ahora una de las
maneras de justificar el desbarajuste
educativo. Como es natural, con una clientela tan bien dispuesta, proliferan
esta clase de profesionales dedicados a explicar lo obvio en términos cifrados.
Afortunadamente, la naturaleza restablece sus propios equilibrios y la mayoría
de las veces la genética subsana los desastres de tales progenitores."
Albert Boadella en Adios Cataluña,
capítulo Amor V.
Texto que automáticamente me lleva a la canción de otro de los iconos de aquellos años de infancia y adolescencia, Serrat y los locos bajitos del maestro Miguel Gila:
14 de noviembre de 2012. Convocatoria de huelga general. Un miércoles con tiempo suficiente para convertirme en alumno, ponerme en su lugar e intentar aprender. Y encuentro dos documentos para el pensamiento crítico con implicaciones educativas que quiero compartir. Un testimonio de dos abuelos de Soria desde la experiencia/sabiduría popular. Un artículo redactado desde el análisis intelectual de las recientes elecciones en Estados Unidos que genera una propuesta educativa, en parte acertada, en parte discutible.
A media mañana , los sindicatos hablan de un seguimiento masivo (80%) y el gobierno de jornada de normalidad. Algunos medios adelantan el fracaso de la huelga basándose en el consumo eléctrico. De nuevo la manipulación interesada y una enorme dificultad para acceder a una información veraz obstaculizada por todos, tanto por las instituciones estatatales como por algunas organizaciones sociales y medios de comunicación. Tal vez los abuelos de Soria puedan orientarnos en estos tiempos de perplejidad, confusión, indignación, desigualdad e injusticia. Como casi siempre en la historia humana. La voz de la experiencia, el sentido común desde la humildad y la sencillez. la parte amable de nuestra condición humana.
Se veía venir...
Palabras proféticas:
"La economía no hace falta estudiar...no hace falta...el hombre que gana cinco duros que gaste uno...ya está la economía...pero si el hombre gasta seis ya se ha jodido la economía...No hay bien que siempre dure...de lo malo a bueno se va bien...pero de lo bueno a lo malo que mal se va a ir... y es lo que va a venir"
La tesis del artículo de Luis Garicano: la economía del conocimiento exige una educación sustentada en tres fundamentos: un nivel avanzado en matemáticas y estadística, una capacidad elevada para escribir un argumento y un nivel avanzado de inglés.
"El artículo publicado ayer del profesor Garicano, a quien admiro, pone de manifiesto cómo los principios de la educación están basados en las matemáticas, la expresión escrita y el inglés. Razón no le falta si queremos desarrollar la capacidad cognitiva de los jóvenes y, por consiguiente, que tengan empleabilidad asegurada en un mercado laboral global. No obstante, el desarrollo de la creatividad, las emociones y la empatía es igualmente importante para la relación de las personas con su entorno. El fomento de la música, el arte y la filosofía son lo que nos diferenciarán de los robots, es decir, la inteligencia emocional es la clave. En mi profesión, los datos y el inglés son lo básico para tener un puesto de trabajo, pero los excelentes profesionales son los que mejor se desenvuelven con la empatía, la visión y la creatividad. Hay datos que así lo demuestran, si no preguntemos a los fundadores de empresas de Silicon Valley"
Vídeo de Adam Winnik con subtítulos de Arturo Quirantes que ilustra el monólogo de Carl Sagan "The pale blue dot" con el tema "you´re so cool" de Hans Zimmer (incluido en la BSO de Amor a quemarropa).
The Pale Blue dot
"Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos
nosotros. Ahí ha vivido todo aquel de quien hayas oído hablar alguna
vez, todos los seres humanos que han existido. La suma de todas nuestras
alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas,
ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe
y cada cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y
cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada niño esperanzado,
cada madre y cada padre, cada inventor y explorador, cada maestro moral,
cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”,
cada santo y cada pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí –
en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.La Tierra es
un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos
de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en
gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una
fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas
por los habitantes de un lugar del punto sobre los apenas distinguibles
habitantes de alguna otra parte del punto. Cuán frecuentes sus
malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo
de fervientes son sus odios. Nuestros posicionamientos, nuestra
imaginada auto-importancia, la ilusión de que ocupamos una posición
privilegiada en el Universo ... Todo eso es desafiado por este punto de
luz pálida.Nuestro planeta es un solitario grano de polvo en la
gran penumbra cósmica que todo lo envuelve. En nuestra oscuridad -en
toda esta vastedad-, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda
desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. Dependemos
sólo de nosotros mismos.La Tierra es el único mundo conocido
hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el
futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí.
Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde
tenemos que quedarnos.Se ha dicho que la astronomía es una
experiencia de humildad, y yo añadiría que formadora del carácter. En mi
opinión, no hay quizá mejor demostración de la locura de la soberbia
humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí,
subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más
amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido,
el único hogar que jamás hemos conocido"
Este vídeo -y los documentos restantes que lo acompañan- me inspira la necesidad de reforzar una idea educativa: la necesidad de aproximarse a una visión global del planeta, del universo y de la condición humana (antropológica, filosófica y ética, histórica, en sus certezas, enigmas e incertidumbres) para la formación de cualquier estudiante de manera que le permita una adecuada comprensión y aplicación de los saberes científicos y humanísticos. Estoy convencido de qque el consenso social en este terreno posibilitaría comunidades de ciudadanos más libres y dialogantes capaces de gestionar mejor los recursos y ponerse en el lugar de los demás. Esto es esencial para la comunicación, la solidaridad y el respeto mutu, axiomas de cualquier propuesta de derechos humanos y sociales o proyecto de convivencia, Así podremos superar el empuje de las identidades excluyentes egocéntricas y de las ideologías alienadas del pensamiento único, basadas e el recurso a hacernos creer que no hay alternativas ni a conceptos históricos como naciones y estados, ni al modelo global insostenible e irracional que actualmente existe en el mundo. Otro mundo es posible, ua frase hecha pero cierta.
"En un ensayo escrito hacia el final de su vida, Kant observa (cito de
memoria) que si bien los humanos somos absolutamente libres de escoger nuestra
pareja y el momento para nuestra boda, la tasa anual de los matrimonios y,
sobre todo, la fecha en que tienen lugar, se mantienen siempre estables y
siguen un patrón determinado. Parece evidente que la conducta humana se ajusta
a una doble legalidad: o bien se tiene por libre y, por lo tanto, guiada por la
contingencia y la fantasía; o bien se mueve por naturaleza y necesidad, y su
comportamiento se expresa en un orden que resulta accesible al cálculo
matemático e interpretable según leyes. Lo primero hace que reconozcamos al ser
humano como un ente moralmente responsable, lo segundo, en cambio, nos permite
hacerlo objeto de la observación científica" Una nueva antropología de Enrique Lynch. Entrevista a Steven Pinker en El País, 9 de noviembre de 2012
Desde un enfoque empírico contribuyen a este debate los libros de Steven PinkerCómo funciona la mente (1997), La tabla rasa (2002), El mundo de las palabras (2007) o el más reciente Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones (2012). O los de Edward O. Wilson como Sobre la naturaleza humana (1991), Las hormigas -que escribió junto a Bert Hölldobler- y La conquista social de la Tierra (Debate 2012). "Existe una vieja fábula que cuenta que un escorpión le pidió a una rana que
lo transportase a través de un arroyo. La rana se negó, diciendo que temía que
el escorpión la picase, pero éste le aseguró que no haría tal cosa. “Después de
todo”, le dijo, “ambos pereceríamos si yo te picara”. En vista de ello la rana
aceptó. Sin embargo, a medio camino de la travesía del arroyo el escorpión le
clavó su letal aguijón. “¿Por qué lo hiciste?”, preguntó la rana mientras ambos
se hundían bajo la superficie. “Es mi naturaleza”, contestó el escorpión"
En 1961, en Israel, se inicia el juicio a Adolf Eichmann por genocidio contra el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial. El juicio estuvo envuelto en una gran polémica y muchas controversias. Casi todos los periódicos del mundo enviaron periodistas para cubrir las sesiones, que fueron realizadas de forma pública por el gobierno israelí. Además de crímenes contra el pueblo judío, Eichmann fue acusado de crímenes contra la humanidad y de pertenecer a un grupo organizado con fines criminales. Eichmann fue condenado por todos estos crímenes y ahorcado en 1962, en las proximidades de Tel Aviv. Una de las corresponsales presentes en el juicio, como enviada de la revista The New Yorker, era Hannah Arendt.
En 1963, basándose en sus reportajes del juicio y sobre todo su conocimiento filosófico-político, Arendt escribió un libro que tituló Eichmann en Jerusalén. En él, describe no solamente el desarrollo de las sesiones, sino que hace un análisis del «individuo Eichmann». Según Arendt, Adolf Eichmann no poseía una trayectoria o características antisemitasy no presentaba los rasgos de una persona con carácter retorcido o mentalmente enferma. Actuó como actuó simplemente por deseo de ascender en su carrera profesional y sus actos fueron un resultado del cumplimiento de órdenes de superiores. Era un simple burócrata que cumplía órdenes sin reflexionar sobre sus consecuencias. Para Eichmann, todo era realizado con celo y eficiencia, y no había en él un sentimiento de «bien» o «mal» en sus actos.
Para Arendt, Eichmann no era el «monstruo», el «pozo de
maldad» que era considerado por la mayor parte de la prensa. Los actos de
Eichmann no eran disculpables, ni él inocente, pero estos actos no fueron
realizados porque Eichmann estuviese dotado de una inmensa capacidad para la
crueldad, sino por ser un burócrata, un operario dentro de un sistema basado en
los actos de exterminio.
Sobre este análisis Arendt acuñó la expresión «banalidad del
mal» para expresar que algunos individuos actúan dentro de las reglas del
sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos. No se preocupan por
las consecuencias de sus actos, sólo por el cumplimiento de las órdenes. La
tortura, la ejecución de seres humanos o la práctica de actos «malvados» no son
considerados a partir de sus efectos o de su resultado final, con tal que las
órdenes para ejecutarlos provengan de estamentos superiores.
Hannah Arendt discurre sobre la complejidad de la condición humana y alerta de que es necesario
estar siempre atento a lo que llamó la «banalidad del mal» y evitar que ocurra.
Hoy la frase es utilizada con un significado universal para
describir el comportamiento de algunos personajes históricos que cometieron
actos de extrema crueldad y sin ninguna compasión para con otros seres humanos,
para los que no se han encontrado traumas o cualquier desvío de la personalidad
que justificaran sus actos. En resumen: eran «personas normales», a pesar de
los actos que cometieron.
En cualquier caso, la banalidad del mal del nazismo dejó un continente salvaje, el título del libro en el que Keith Lowe nos habla de la Europa que tuvo que superar el trauma tras la experiencia vivida en los años treinta y cuarenta:
" De esos espantos venimos. Conocerlos nos permite valorar mejor lo que se
pudo lograr después del desastre, cuando unos cuantos europeos tomaron,
en palabras de Borges, la extraña decisión de ser razonables, y
empezaron a construir sobre las ruinas lo que hasta ayer mismo parecía
firme, incluso rutinario, y hoy está en peligro. Debajo de nuestros
paisajes europeos hay una geología de cadáveres"
"La película arranca con Arendt asentada en Estados Unidos tras años de éxodo continuo. Allí es profesora en el Brooklyn College de Nueva York, y recibe junto a su marido como un jarro de agua fría la detención en Buenos Aires de Eichmann, el responsable de la logística del Holocausto, que había sido secuestrado en una operación encubierta del Mosad y sería juzgado en Israel.
Contradiciendo la opinión de su esposo, Arendt decide enfrentarse a sus fantasmas y viajar hasta Jerusalén para informar sobre el juicio ("nunca me lo perdonaría si no lo hiciera", señala). La película recupera las imágenes de archivo del auténtico proceso, para mostrar al criminal nazi y subrayar la deshumanización de un hombre que rechazó ser antisemita y que en todo momento se manifestaba con un lenguaje burocrático, confesando que él era un nimio funcionario que "sólo ejecutaba órdenes". Aquel comportamiento horrorizó a la propia Arendt, que puso sobre la mesa un debate incómodo en el que planteaba que la capacidad del pensamiento es una de las características que nos alejan de la maldad absoluta, y que llegó a cuestionar la responsabilidad de los líderes judíos en el proceso que desencadenó el Holocausto.
En su momento hubo quienes interpretaron sus palabras como una defensa de Eichmann, y la llegaron de acusar de antisemita, pero hasta su fallecimiento en 1975 Arendt siguió defendiendo sus tesis y profundizando en la base teórica que sustentaba su libro 'Un estudio sobre la banalidad del mal', escrito a partir de su artículo para 'The New Yorker'.
La película aborda de soslayo su relación con la novelista Mary McCarthy, con el pensador Hans Jonas y con su maestro, Martin Heidegger, y dedica algo más de atención a su relación de amor-odio con el director y portavoz del movimiento sionista alemán, Kurt Blumenfeld. Por encima de sus posibles virtudes cinematográficas, el film invita a la reflexión sobre la naturaleza del mal: "Lo que es nuevo en el caso Eichmann es que hay tantos como él... Es un ser humano terroríficamente normal", desliza a mitad del metraje la protagonista"
La auténtica historia sería aquella que incluyera la de todos los individuos que la hacen. Dada la imposibilidad de tal empresa, el historiador selecciona. Luego el divulgador simplifica. Los gobernantes manipulan y al pueblo se le obliga o enseña a olvidar o se le condena a la ignorancia . En este proceso de recreación del pasado desaparecen los verdaderos protagonistas históricos que sólo los grandes investigadores y sensibles creadores (artistas, escritores, cineastas) nos devuelven a través de los relatos que muestran el universo infinito de la intrahistoria, de las emociones vividas. Es esta la historia que recupera La belleza y el dolor en la batalla un libro que recoge fragmentos de la Gran Guerra para hacer algo más que una historia tradicional de los años en los que comienza el corto siglo XX al que se refería el difunto Eric Hobswam. Antes de que una vorágine de libros inicie una abrumadora e inabarcable revisión bibliografica motivada por el fetichismo de la celebración y de la efémeride (2014, cien años después) conviene leer este libro cuyo espíritu nos transmite Peter Englund:
"Es este un libro sobre la Primera Guerra Mundial. No es, sin embargo, un libro sobre qué fue esa guerra —es decir, sobre sus causas,su progreso, su final y sus consecuencias—, sino un libro sobre
cómo fue. Lo que el lector encontrará aquí no son tanto factores como personas, no tanto procesos como impresiones, vivencias y estados de ánimo. Lo que he intentado reconstruir, más que el curso
de unos acontecimientos, es un universo emocional."
En éste, como en otros tantos libros y películas (no dejo de mencionar El árbol de los zuecos de Ermanno Olmi, 1978) está historia vital de los individuos que componen el pueblo, los hacedores de la historia a los que dedicó Brecht sus versos de "Preguntas de un obrero ante un libro":
Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó? En los libros figuran los nombres de los reyes. ¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra? Y Babilonia, destruida tantas veces, ¿quién la volvió a construir otras tantas? ¿En qué casas de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron? La noche en que fue terminada la Muralla china, ¿a dónde fueron los albañiles? Roma la Grande está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió? ¿Sobre quiénes triunfaron los Césares? Bizancio, tan cantada, ¿tenía sólo palacios para sus habitantes? Hasta en la fabulosa Atlántida, la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban pidiendo ayuda a sus esclavos. El joven Alejandro conquistó la India. ¿El sólo? César venció a los galos. ¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero? Felipe II lloró al hundirse su flota. ¿No lloró nadie más? Federico II ganó la Guerra de los Siete Años. ¿Quién la ganó, además? Una victoria en cada página. ¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria? Un gran hombre cada diez años. ¿Quién paga sus gastos? Una pregunta para cada historia. Bertolt Brecht, 1934 en Historia del almanaque, 1939
A veces ni siquiera los protagonistas que vivieron la historia en primera fila entran en los libros de historia cuando caen en el olvido de los vencedores o de la historia convencional. Los medios de comunicación recuperan ahora la memoria de Eloy Gutiérrez Menoyo, comandante Menoyo, madrileño, español y cubano recientemente fallecido en La Habana y cuya vida simboliza todas las contradicciones de la revolución cubana y de su historia hasta el siglo XXI. Busquemos su nombre en algún manual de Historia junto a Castro y Guevara y si no lo encontramos leamos el testamento que entregó a su hija durante su enfermedad:
"El año 1959 registró un acontecimiento que parecía marcado por la
poesía: la Revolución Cubana. De aquella Revolución, esparcidos por la
isla y por el mundo, quedan hoy restos dolorosos de un naufragio. En el
2003 regresé a Cuba. Enemigo en un tiempo del Estado cubano y percibido
así oficialmente, intentaba una actividad pacífica que fecundara a favor
de un espacio político. Durante años, desde el exilio en visitas
puntuales a Cuba, habíamos dialogado con este gobierno con vista a una
apertura política. Con el país hecho añicos, sin el socorro de la
desaparecida esfera comunista, no le quedaba a Cuba otra salida que no
fuera el cambio. Así se lo manifesté a Fidel Castro en nuestros
encuentros que consideré breves pero sustantivos. Sin embargo, desde mi
llegada sorpresiva, no se me ha extendido el carnet de identidad ni se
me ha otorgado el espacio político que se discutió en un tiempo. Es
cierto que se ha tolerado mi presencia pero ello ha ocurrido bajo el ojo
orwelliano del Estado que se ha preocupado por observar de cerca a
nuestra militancia.
En el tiempo que he pasado aquí, he visto también la destitución de
sus cargos de algunos de los funcionarios oficiales que compartieron
conmigo y otros activistas de Cambio Cubano, no sólo la preocupación por
los problemas que asolan a nuestro pueblo, sino también la urgencia de
producir la necesaria apertura política. Esa apertura política traería
consigo grandes transformaciones que se hacen impostergables y para las
cuales no faltó en los momentos de nuestras conversaciones cierto
estímulo alentador por parte del más alto liderazgo de este país. Hoy
día, sin perder mi fe en el pueblo cubano, denuncio que aquella
empresa, llena de generosidad y lirismo, que situaría de nuevo a Cuba a
la vanguardia del pensamiento progresista, ha agotado su capacidad de
concretarse en un proyecto viable. Comparto esta realidad con los
mejores factores del pueblo cubano, estén en el gobierno, en sus
depauperadas casas o en el exilio, y asumo la responsabilidad de este
tropiezo a la vez que me reafirmo en las ideas que en su inicio
suscitaron la admiración de amplios sectores cubanos e internacionales.
Hago esta declaración en medio también de un diagnóstico médico en lo
que va menguando mi salud personal. Asumo la responsabilidad de esta
batalla y no me amedrenta el hecho de que algunos puedan calificarla de
fracaso. La voluntad de perpetuarse en el poder de Fidel Castro ha
podido en este caso más que la fe en la posible renovación de los
mejores proyectos cubanos desde fecha inmemorial. ¿Cuál es la Cuba a la
que me enfrento hoy en medio de mi enfermedad? Es una Cuba desolada en
la que el carácter ético del proceso de 1959 se ha hecho inexistente. El
ciudadano ha ido perdiendo consciencia de sí mismo: se resiste aunque a
veces no lo exprese y la juventud se sustrae y convierte el deseo de
escapar en una obsesión desmesurada. Grandes sectores de la gente de a
pie ya sabe de memoria que esta revolución ya no tiene sentido moral. El
cubano ha ido perdiendo su esencia. Sobrevive en la simulación y en ese
extraño fenómeno del doble lenguaje. Las estructuras son irracionales.
La extranjerización de la economía se monta precariamente sobre una
fórmula absurda y desbalanceada que excluye el protagonismo y la
iniciativa nacional. El gobierno que pregonó ser del pueblo y para
el pueblo no apuesta por la creatividad y la espontaneidad nacional y
el sindicalismo brilla por su ausencia. Me ha tocado vivir de
cerca la ardua faena de intentar hacer oposición en este país. He sido
firme en mi posición independentista y en mi llamado a marcar distancia
de cualquier proyecto vinculado a otros gobiernos. Pero el gobierno
cubano ha sido tenaz en su minuciosa labor de hacer invisible a la
oposición, a la que se coacciona y cohíbe de movilizarse y no se le
permite insertarse en las áreas importantes de las comunicaciones o la
legislación. ¿Cómo indemnizar a un país a 50 años de disparates
contra su ciudadanía? ¿Cómo se indemniza a un pueblo de tantos daños
directos contra la colectividad y el ciudadano? ¿Cómo se le indemniza de
los errores por consecuencia? El gobierno cubano no deja duda de
su incapacidad de crear progreso. Como resultado de esta realidad el
cubano deambula sus calles como un ciudadano disminuido, inquieto,
triste e insolvente. En la mentalidad de los que se aferran del poder a
toda costa ese ciudadano es el modelo y candidato perfecto a la
esclavitud. La constitución no funciona. El sistema jurídico es una
broma. La división de poderes no es siquiera una quimera. La sociedad
civil es, como el progreso, un sueño pospuesto por medio siglo. ¿Burla
la justicia la madre desesperada que busca leche para su hijo en la
bolsa negra? Hace unos 60 años, Fidel Castro se dirigió a un magistrado,
en medio de una dictadura pero con prensa libre como testigo, y explicó
que si se le acusaba por uso de fuerza militar revolucionaria, ese
agravio, ese desacato a la ley, y aquella querella oficial contra él,
debían ser desestimados ya que el gobierno existente era producto
ilícito de un golpe de estado. Aquella lógica, inexpugnable y cierta,
podría aplicarse hoy día, en nombre de la oposición para decir que el
gobierno cubano hace un grosero uso del poder absoluto y que su
consolidación a perpetuidad es una intolerable disposición
testamentaria. Se usaría bien aquel planteamiento de Fidel ante un
magistrado para decir que nadie puede hacerse custodio eterno de un país
ni llevar adelante una meticulosa empresa de abolir la realidad y de
paralizar el avance. También se me ocurriría preguntar dónde está la
dirección originaria del proceso por el que murió mi hermano Carlos o
cuándo terminará la desazón de sentir que el futuro está hipotecado.
Durante 50 años de destreza política y control policiaco el cubano ha
sido un verdadero héroe de la subsistencia dentro de un laberinto
dialéctico. Ha manejado el desencanto y el extravío y el desdoblamiento y
la fatiga. ¿Qué tiene de nuevo que decirle este gobierno a ese cubano
acerca de su destino incierto? Según los médicos, mi diagnóstico es
irreversible. Voy sintiendo que cada día será más opaco y a la vez más
cierto en la brevedad de mi destino. No temo el diagnóstico que parece
ser una ruta y la caminaré con calma y con esperanza en el futuro de
Cuba, esta tierra de hombres y mujeres inigualables. Quisiera decir que
me reitero en las ideas que alentaron en mí y en mis hermanos mis padres
generosos; ni tamizo ni renuncio a mi vinculo con la socialdemocracia,
una vinculación que es, cada vez más, a partir de la visión incluyente
de la historia; las posibilidades de éxito de cualquier visión política
se engrandecen o achican a partir de la generosidad y el sentido de
compromiso colectivo, la capacidad de acuerdo de sus portadores. Si
ofendí a alguien, si los fantasmas de las diferentes contiendas me
tentaron a faltarle a la generosidad, pido benevolencia, al igual que
olvido a quienes pudieron haberme juzgado de manera apresurada hoy
reflexiva. Creo haber servido a Cuba en diferentes etapas por encima de
los errores de mi autenticidad, de cualquier falta de visión de mi parte
o de cualquier terquedad en el camino. Durante la revolución, creo
haber sido una voz de humanismo que se manifestó quizá mejor en el
sentido de oponerme a los fusilamientos. Haber vivido en mi infancia la
guerra civil española me había preparado para intentar al menos el
dominio de las pasiones. No creo haber sido de los que permitieron el
reverso del sueño que acabó en convertirse en la peor pesadilla. Alguien
podría interpretar este documento como un lamento pesimista. Sin
embargo, no es ese su propósito como no va en él ninguna forma de cólera
aunque me haga eco de estos duros quebrantos de la familia cubana a la
que me uní desde mi niñez al llegar a Cuba como miembro de una familia
de exilados españoles republicanos. Mi optimismo se basa en la fuerza
telúrica de esta isla; en la ternura infinita de la mujer cubana; en el
poder de innovación de su gente más sencilla. La herencia de
perdurabilidad de la Nación cubana resistirá todos los ciclones de la
Historia y a todos los dictadores. Varela es más que una seña. Maceo es
más guía que guerrero admirable. Martí no es una metáfora. La suerte
llegará. Cuando el último cubano errante regrese a su isla. Cuando el
último joven nacido en Madrid, en Miami o en Puerto Rico se reconozca en
la isla. Cuando sanen las heridas y desaparezca el dolor habrá un
pueblo que tendrá cautela de celebrar su nueva dicha y de cuidarse de
magos iluminados y de proyectos mesiánicos. Porque, no importa cómo, la
suerte llegará: delgada, silenciosa y frágil como una mariposa llena de
júbilo, como una señal para este pobre pueblo que merece algo mejor. Yo
sé que habrá una mariposa que se posará en la sombra. Me habría gustado
poderle decir que habría querido dar más; acaso ella habría entendido
que sólo pude dar mi vida y que tuve el privilegio de ser parte de esta
isla y de este pueblo."
Y como contrapunto y complemento poético el testamento musical de Silvio Rodríguez que de alguna manera podríamos dedicar la propio "gallego Menoyo" resumiendo la grandeza y miseria de las revoluciones reflejo tal vez de la fragilidad y debilidad de la condición humana sumida en las contradicciones de sus dioses y demonios, entre ser "pata animal o alada planta de mercurio":
"Como la muerte anda en secreto y no se sabe qué mañana, yo voy a hacer mi testamento, a repartir lo que me falta pues lo que tuve ya está hecho, ya está abrigado, ya está en casa. Yo voy a hacer mi testamento para cerrar cuentas soñadas.
Le debo una canción a la sonrisa, a la sonrisa de manantial, esa que salta: le debo una canción a toda prisa para que quede que estuvo cerca, agazapada.
Le debo una canción a lo que supe, a lo que supe y no pudo ser más que silencio: le debo una canción, una que ocupe la cantidad de mordazamor de un juramento.
Les debo una canción a los pecados, a los pecados que no gasté, los que no pude: les debo una canción, no como hermano, sólo de sal que el delectador también alude.
Le debo una canción a la mentira, a la mentira pequeña, frágil, casi salva: le debo una canción endurecida, una canción asesina, bruta, sanguinaria.
Le debo una canción al oportuno, al oportuno mutilador de cuanta ala: le debo una canción de tono oscuro que lo encadene a vagar su eterna madrugada.
Le debo una canción a las fronteras, a las fronteras humanas, no a las del misterio: les debo una canción tan poco nueva como la voz más elemental de los colegios.
Le debo una canción a una bala, a un proyectil que debió esperarme en una selva: le debo una canción desesperada, desesperada por no poder llegar a verla.
Le debo una canción al compañero, al compañero de riesgos, al de la victoria: le debo una canción de canto nuevo, una bandera común que vuele con la historia.
Le debo una canción, una, a la muerte, una a la muerte voraz que se comerá tanto: le debo una canción en que hunda el diente y luego esparza con la explosión fuegos del canto.
Le debo una canción a lo imposible, a la mujer, a la estrella, al sueño que nos lanza: le debo una canción indescriptible como una vela inflamada en vientos de esperanza.